Tan duras palabras las pronuncia alguien que ha tenido experiencias de primera mano en el sector. David Lau-Kee es co-fundador de la británica Criterion, que en su día creó uno de los paquetes de herramientas de desarrollo de videojuegos más populares entre la industria: Renderware. En el apogeo de su éxito el estudio fue comprado por Electronic Arts, de modo que David pasó a ocupar un puesto en su directiva como Vice Presidente en una época en la que la productora era la líder mundial en el sector, hasta que abandonó su puesto para ocupar un lugar en la ejecutiva de Kerb Games, especializada en el juego web.
Las declaraciones fueron realizadas hace unos días en una serie de conferencias sobre el futuro de la distribución digital y han generado un interesante debate sobre el futuro de las grandes productoras en un mundo donde los estudios pueden lanzar sus propios títulos a través de la red sin necesidad de intermediarios. Son muchos los profesionales de la industria que tienen más de una queja sobre el modo en el que una u otra productora ha manejado el negocio, aprovechando su posición de “guardián de la puerta” a las tiendas.
En palabras de Lau-Kee: “Lo que se consideraba como la fortaleza de las productoras -marketing, relaciones con las tiendas- ya no son importantes en el mercado digital“, afirmando que, “en lo que se refiere al marketing tradicional, es algo que pertenece al ayer. Ahora sólo nos importa lo que nuestros amigos estén jugando. Eso es lo que funciona. Marketing viral y de guerrilla es una gran parte de eso. No hay nada que las productoras tradicionales nos puedan enseñar sobre ese tipo de marketing.”
Es desde luego un discurso atractivo para los creadores y para muchos usuarios, que ven en las productoras tradicionales un serio obstáculo para ver más juegos innovadores y arriesgados. No es tampoco una reputación inmerecida dado el carácter extremadamente conservador de las grandes productoras, aunque tampoco conviene olvidar que, además de marketing y relaciones con las tiendas, esas productoras también han arriesgado dinero para hacer posible muchos proyectos. Es díficil imaginar una industria en la que todos los estudios funcionen como mini-productoras de sus propios productos, pero se puede apreciar cómo en ese hipotético escenario los estudios van a ser mucho más fuertes para reformular sus relaciones con las productoras, lo que puede generar todo un nuevo universo dentro de la industria.



